La idea detrás de Transmithing

La tarea de traducción e interpretación no es un concepto novedoso. De hecho, puede observarlo por todas partes.

A manera de ejemplo, es muy probable que la ropa que lleva puesta fue hecha en China. La fabricación de esa ropa requirió que, en cierto momento de todo el proceso que comenzó con la fabricación y culminó con la entrega, se tradujeron (por escrito) o interpretaron (verbalmente) un determinado conjunto de instrucciones a un idioma chino (fíjese que hablo de “un idioma chino” en vez de decir “el idioma chino”, ya que no existe un idioma chino colectivo… ah pero ahora estoy divagando). Éstas instrucciones tenían que ver con el manejo, o bien con el envío, o bien sobre la manera en que las costureras debían manejar la tela.

No se puede escapar del ambiente multilingüe.

De alguna manera u otra, algo que no vino pre empaquetado en su lengua materna afecta su vida.

Por ende, la necesidad de lograr un entendimiento plurilingüe (y pluricultural) ha hecho que la industria de la traducción e interpretación crezca a pasos realmente agigantados. De hecho, el Departamento de Trabajo de EE.UU. indicó en 2012 la tasa de crecimiento proyectada para la industria de la traducción: sería de un 46% entre 2012 y 2022. A comparación de la tasa promedio de crecimiento para todas las otras ocupaciones consideradas (11%), esto quiere decir que se necesitarán los traductores e intérpretes por mucho tiempo.

(Por brevedad, hablaré mucho sobre “traducir”, pero abarco asimismo el interpretar bajo este término).

Muchos individuos bilingües (o plurilingües, como su servidor) saben que hay futuro en la difusión de información de un idioma a otro, Pero la traducción requiere un enfoque personalizado, en vez de ese enfoque literal y directo que cualquier programa mecanizado (como por ejemplo, Google Translate) puede lograr. Se necesita un planteamiento deliberado. Se necesita una forma de pensar al estilo de un profesional que opera en su oficio natural. Así que me di cuenta que me hacía falta… la inspiración.

¿Y de dónde se consigue?
¿Es algo que puedo comprar en una tienda como Costco?

Bueno, resulta que la inspiración viene de los lugares menos esperados. Por ejemplo, en una de mis películas favoritas de todos los tiempos (“Cruzada”, del director Ridley Scott), hay un hombre trabajando con la lámina de una espada. De manera meticulosa, deliberada y energética, golpea la lámina con sus herramientas hasta que logra doblarla como desea. Y ésa es solamente una porción de su trabajo. Usted sabe probablemente el nombre de esta clase de profesional : un herrero.

El oficio del herrero es la analogía perfecta para el nuevo tipo de traductor que preveo. A manera de ejemplo: la labor de formar la lámina del metal, de tal forma que se convierta en el objeto previsto a base de golpes deliberados y meticulosos, tiene un nombre muy específico.

Se llama “forjar.”

Esta clase de labor es multifacética, ya que requiere de varias operaciones o técnicas. ¿Y sabe qué? Traducir también es así.

Los herreros no solo forjan objetos chéveres como las armas. Producen una variedad de cosas tales como accesorios luminosos, herramientas, útiles para la agricultura, y objetos decorativos y religiosos, entre otros. Lo mismo aplica a las traducciones: Aunque no se produzcan herramientas o armas metálicas, con la manipulación deliberada de palabras que logren transmitir el mismo significado a un idioma “meta”, algo único y nuevo sale a la luz. Digamos que quiero una espada medieval de doble filo con mi cresta patronímica (la cresta de mi apellido paterno) impresa en la empuñadura. Agregaré quizá un texto inscrito en la lámina, ¿por qué no?

¡Cómo le encantaría eso a mi niño interior!

Cubriré cada técnica, con lujo de detalles, en futuras entradas al blog, y diré cómo se relacionan con las traducciones. Les aseguro que no va a ser una lectura aburrida y lenta. Verá que traducir requiere de una concentración de mano de obra igual a la deltrabajo hecho por un herrero, aunque no con la misma fisicalidad. Estoy utilizando este oficio como mi fuente de inspiración para el nuevo tipo de traducción/de traductor/de proceso que vaticino, al que lo bautizo como “Tradujero” o Transmith, del inglés para herrero (“Blacksmith“).

¡Bienvenido al futuro de las traducciones!

Advertisements

The Concept of Transmithing

Translating and interpreting is not a novel concept. In fact, it’s everywhere around you.

The clothes you wear, for example, were made in China, more than likely. Making those clothes required that, at some level during the whole manufacturing and delivery process, a certain set of instructions was translated (in written form) or interpreted (spoken word) into a Chinese language (notice that I am saying “a Chinese language”, not “the Chinese language”, because there’s no single Chinese language… but I digress). These were instructions for handling, or for shipping, or how the seamstresses had to handle the fabric.

You cannot escape the multilingual environment. In one way or another, you are touched by something that didn’t come pre-packaged in your native language.

This need for a cross-linguistic (and cross-cultural) understanding has turned the translation and interpretation industry into a massively growing behemoth. In fact, the U.S. Department of Labor indicated in 2012 that the growth rate for translations was projected to be 46% between 2012-2022. Compared to the average growth rate for all occupations (11%), this means that translators and interpreters will be needed for some time to come.

(For the sake of brevity, I’ll talk about translating a lot, but I am encompassing interpretation, as well).

A lot of bilingual individuals (or multilingual, as yours truly) know that there’s a future in conveying information from one language into another. But rather than taking a straightforward literal translation approach (any machine-based program or system like Google Translate comes to mind), translation requires a customized approach. A deliberate approach. It requires the mindset of a professional working in his trade. So I figured I needed… inspiration.

Where do you get it?
Is it something I can go buy at Costco?

It turns out inspiration comes from the unlikeliest of places. For example, in one of my all-time favorite movies (Ridley Scott’s “Kingdom of Heaven”), there’s a man working on a sword blade. Meticulously, deliberately, forcefully, he strikes the blade with his tools until it bends to his will. And that’s only a portion of his job. You probably know the name of this type of profession: a blacksmith.

A blacksmith’s trade is the perfect analogy for the new type of translator I envision. Case in point: shaping the metal blade to become its intended object by striking it deliberately and meticulously has a very specific name. It’s called forging. It’s a multilayered type of work. It requires several operations or techniques. And guess what? So does translations.

Blacksmiths do more than just forge cool objects like weapons. They produce a variety of objects such as light fixtures, tools, agricultural implements, decorative and religious items, among others. This is true of translations, as well. Their output isn’t tools or metal weapons, but through the deliberate manipulation of words to convey the same meaning into a “target” language, something new is created, something unique. I want, for example, a double-edged medieval sword with my family crest emblazoned on the hilt. Maybe I’ll add some text inscribed on the blade, too. My inner child would be delighted, indeed.

In future blog posts, I’ll cover each technique in detail, and how they relate to translations. Rest assured, it’s not going to be boring, dull reading. You’re going to see that translations can be as labor-intensive as any work produced by a blacksmith, though not as physical. I’m using this trade as a source of inspiration for the new type of translation/translator/process I envision.

I am calling it a Transmith.

Welcome to the future of translations!